La mina de granito de Pissy, ubicada a pocos minutos del centro de Ouagadougou, capital de Burkina Faso, emplea a unas 3.000 personas, entre ellas muchas mujeres y también niños. Cerrada en los años setenta, se reabrió en los noventa, debido a una grave crisis económica. La mina se encuentra cerca del centro de la ciudad, por lo que es imposible utilizar explosivos. El trabajo se realiza de forma manual, desde la extracción hasta la reducción en piedras de diferentes tamaños. El transporte de las piedras desde el cráter de la mina hasta la superficie es realizado principalmente por las mujeres que llevan el material, alrededor de 50 kg, en su cabeza en decenas de viajes diarios. En este lugar azotado por la miseria, se trabaja en condiciones extremas. Sometidos a la fatiga, al calor y al aire contaminado por la dioxina, los invisibles de piedra pasan sus días en un ambiente totalmente hostil. La jornada de trabajo es ardua, dura de 10 – 12 horas, para una ganancia de poco más de un euro. A la entrada de la mina se encuentra un gran letrero, donde se puede leer que el trabajo en la mina es peligroso para los niños, y que además deberían ir a la escuela para un futuro mejor. Desafortunadamente, la realidad es muy diferente. En Burkina Faso, miles de niños trabajan en las minas, tratando de mantenerse a ellos mismos y a sus familias.
Burkina Faso 2015

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